viernes, 3 de agosto de 2012

DESNUDA








El aire transparente en la mañana,
celebra el cuerpo de una mujer desnuda.
El cielo al fondo en ella se solaza dejándole
cortar el horizonte, mientras la brisa
insiste en ser caricia y el sol que brilla
la viste de colores.          

El día en la plenitud de su principio,
siendo un portento de luz y de paisajes (donde
la vida encuentra despiertos sus caminos,
para cundir multiplicada y nueva),parece estar 
dispuesto a ser tan sólo el lienzo que adorna 
el cuerpo de una mujer desnuda.



       



Como una estatua en la fotografía,
sobre un tocón en medio de las aguas,
que se ven quietas para acompañarlo,
se erige el cuerpo de una mujer desnuda;
delgado, claro, con su piel de cielo, dejando
que el hechizo de sus formas deslumbren
con  el fulgor de un espejismo,
sobre el pálido blanco y negro de su plano; 
para encender con su fuego las palabras:
 cabello, labios, hombros,brazos; 
aroma, calor, sabor, exquisitez, delicia.

El tiempo mismo en el espacio
se detiene,
para extasiarse mirando frente al  lente,
el espectáculo de perfectas armonías,
de las líneas que trazan bajo el albor       
de un sueño, la cima de ese erótico
milagro , que trae el cuerpo de una mujer
desnuda.



El rostro que sereno mira a quien
lo observa, el tibio seno que se perfila
escaso, la tersa espalda girada levemente;
las curvadas caderas,
la marcada cintura,
y luego las soberbias redondeces  donde
la carne muda en tentación y vértigo; sobre
los sobrios muslos que cayendo,
hacia unos pies
que los sostienen firmes (dentro del
estrecho espacio       
que los ciñe),
hacen la magia, cantan la poesía,
que guarda el cuerpo de una mujer desnuda.

Mis ojos  que no quieren evitarlo
(mis ojos que no pueden evitarlo),
miran el cuerpo de una mujer desnuda.


(Jorge Lineya, Santiago de Cali, marzo 10 de 2012)






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