Mostrando entradas con la etiqueta MICRO-CUENTO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta MICRO-CUENTO. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de agosto de 2013

CELOS






Ella le dijo a su amante (mientras se besaban con pasión), que  lo amaba más que a su vida.Al escucharla, la vida la dejó.

miércoles, 3 de abril de 2013

IMAGINACCIÓN






Alfred no puede evitarlo: una vez empieza a caminar por el oblongo y oscuro túnel, al otear la luz blanca y relumbrosa  que se asoma en el fondo, hace el encuadre con sus manos, tocando sus pulgares de cocinero gordo por la punta de las falanges, y manteniendo erectos y juntos el resto de sus dedos,  con las palmas equidistantes, y puestas hacia el frente. Se  imagina la cámara Panavision haciendo este mismo recorrido lento y azaroso hacia no se sabe dónde, en un travelín perfecto preñado de intriga y suspenso.

Cuando ve las cosas  acomodadas en el plató y a cada cual también en su  lugar, listos para filmar, da la orden:

— ¡Action!—manda, con su voz gangosa y  su  inglés de caballero londinense, y entonces el camarógrafo empieza a rodar.


La muerte que no estaba programada para ser filmada hoy, adoptando la forma de un pájaro oscuro y amenazante que revolotea ruidoso, entra en la escena de ese sueño del cual Hitchcock no se va a despertar.

Jorge Lineya 





jueves, 1 de septiembre de 2011

APOLO



¿Quién puede medir  la altura del cielo, la anchura de la tierra, o la profundidad del abismo? (Biblia/ Eclesiástico 1:3).


Hasta julio de 1969  Dios vigilaba la Tierra  con su atenta y minuciosa mirada de almirante, desde  de su eterna  sede   en un desconocido y remoto paraje  de la  Luna. Al ver  el cohete de la NASA con su ostentoso nombre   misional romper  las  fronteras del  cielo,   transportando dentro de esa caja de ratones de la cabina a  un equipo de curtidos  navegantes del aire ( listos  para  el alunizaje), Él decidió trastearse a la velocidad del relámpago, con sus huestes de ángeles, su miríada de vírgenes y  cada uno de sus predios   celestiales, hacia el más  recóndito fondo de la galaxia, dejando tras la ruta de su acarreo    una brillante estela de polvo sideral (que flotó como un milagro  en el vacío del cosmos, por unos  segundos): pues como  bien  lo sabía, ni ese día ni ningún otro en este mundo,  uno solo de sus creyentes, y mucho menos un pagano  como  Apolo, podría  avizorar, conocer o pisar  siquiera una sola cuarta  de su prometido Reino y sobrevivir incólume  a tan portentoso encuentro.

Hasta el día de hoy la humanidad no conoce este hecho y sigue viajando en naves o enviando satélites y sondas al espacio, que cada vez  le dejan a Dios menos lugares para poder esconderse dentro de la Vía Láctea, y evitar tragedias y accidentes fatales.
   
(Jorge Lineya, Santiago de Cali 2002).





SORPRESA




¿Qué es lo que más teme el hombre? Un nuevo paso, una nueva palabra suya, eso es. (Dostoievski)

Cuando Neil Armstrong sale  del módulo espacial,  antes dar su primer paso sobre la superficie  de la Luna, mira  debajo de la escalerilla del Eagle atraído por el inesperado  hallazgo ,en ese suelo polvoriento y reseco, de unas pequeñas marcas que le parecen de zapatos y además recién hechas por los pies de un niño. Frunce un  ceño de franca extrañeza y picado por la curiosidad, aunque tratando de no  dejarse aturdir por la sorpresa, ojea los alrededores con una mirada elíptica a través del visor de su casco, esperando hallar una  respuesta  a la pregunta tácita que  retumba ahora dentro de su cerebro, como el eco de un campanazo de alerta.

A tiro de piedra encuentra lo que resulta ser un cometa alejándose de ahí con un hombrecito  de cabello rubio, intonso y revuelto, luciendo una  anacrónica elegancia de príncipe europeo( a la moda de un siglo atrás), mientras se desliza raudo sobre la nada del cosmos, prendido sólo  con su diestra de  la punta de esa cola luminosa y difusa,   que lo arrastra tal y como lo haría una lancha   con un esquiador acuático en   cualquier costa turística  de La Florida, donde nadie tiene que lidiar con un ambiente de gravedad cero.

En  la otra mano el estrambótico intruso le muestra,   izada con un listón de madera,  una solitaria pancarta de cartón blanco, donde se alcanza a leer escrito en un impecable inglés y en letras grandes, pintadas con trazos pueriles: “BIENVENIDOS: LOS ESPERO EN EL ASTEROIDE B-612. MI CASA, SU CASA. LA CASA DE TODOS”.

Antes que alguien más se vaya a dar cuenta del desatino, el astronauta se deja caer lentamente, con la flema de un monigote obeso y pesado (recordando la imagen de un buzo de escafandra en el fondo del mar), el cual parece sin embargo dispuesto a elevarse con la facilidad de un globo de feria, hacia el oscuro espacio que lo rodea, al más mínimo descuido.

Cuando llega al suelo halado por la fuerza de sus contrapesos,  suelta la frase tantas veces ensayada en tierra  para rubricar este memorable momento, ante los ojos y oídos   del mundo que lo siguen por la televisión y  la radio, y empieza a caminar con la cachaza de una aparatosa marioneta,  moviéndose a saltitos sobre el rastro dejado por el indeseado visitante sobre el desierto estéril del satélite, no sólo para borrar sus inconvenientes   huellas de allí, sino para excluirlo pronto de la historia y  del malhadado delirio que lo acosa  con tan absurdas  y enfermizas alucinaciones de última hora:

 — Malditos comunistas, maldito Luna 15, malditos cosmonautas rusos — masculla en voz baja,  Armsrtromg — B-612, ¿cuál puto asteroide es ese?...Houston,  Houston, ¿me escucha?


(Jorge  Lineya, Santiago de Cali 1998)





EL MAGO




“Las almas de los buenos están en las manos de Dios, y el tormento no los alcanzará.”(Biblia/ Sabiduría 3:1)
  
Ante los ojos extasiados y  complacidos de la audiencia el mago atraviesa con punzantes espadas y destaza, con filosos  cuchillos  de matarife, a personas que tiene atrapadas en  sus lúdicas cajas de teatrero; también  descuartiza gente dentro de fabulosos arcones de madera usando su estrepitosa sierra eléctrica de leñador moderno  (haciendo gala de una pasmosa precisión de cirujano), y luego la desaparece igual que polvo de talco, vociferando un mágico abracadabra, tras la nube blanquecina y densa que suelta su biombo todopoderoso  (¡Donde lo que  no se hace humo  se hace aire,  o se hace nada! .¡Atención, niñas y niños!; ¡Señoras y señores del respetado!).

Entre el público que ve sus desmanes de circo, quienes no lo aplauden maravillados, por lo menos lo admiran con un callado  estupor: lo mejor de este mago, es que ninguno de sus actos es un truco. 

(Jorge Lineya, Santiago de Cali  marzo de 2005).

viernes, 8 de julio de 2011

INCONSCIENTE

 



Desde hace algún tiempo  y  para la misma época, el mismo día, a la misma hora y de idéntica manera lo hace, con la ilusoria lata de  aerosol  que sesea siempre, mientras suelta su  silencioso soplo de pintura negra.

Él casi que existe sólo para este preciso momento: “Gobierno genocida y asesino de...”. Nunca puede terminar de escribir el mensaje en el muro, sin escuchar el  estruendo de los  consabidos disparos que le estallan atrás, intimidándolo, como  aquella lejana primera vez  de hace unos  años, cuando salió huyendo tan  rápido que no sintió las balas que le atravesaron el cuerpo, y le dejaron el alma hecha un fantasma,  repitiendo inútilmente  su truncada carrera de huida sobre la   acera.


Jorge Lineya

viernes, 3 de junio de 2011

NECRÓPOLIS




Inspirado en un cuento de Augusto Monterroso

La guerra (como una vieja Hidra) había multiplicado su aterrador rostro por todas las ciudades de los hombres, hasta que escasearon los cementerios y las fosas para enterrar a tantos muertos, y la gente para llorarlos. El mundo entero se convirtió en un enorme  panteón, pasto de los necrófagos de todas las especies y géneros, los cuales encontraban alimento a flor de tierra.

Los carroñeros y las demás criaturas, debieron esperar a que muriera de una de sus heridas  el último de los guerreros humanos, para volver a vivir en paz sobre el planeta. La buena noticia la trajo la mosca, que podía dar absoluta certeza del hecho (como el resto de sus compañeras de enjambre), y quien no que pudo a esperar para contarlo: pasó zumbando y gritando como un heraldo, por cuanto rincón había, loca de la felicidad.

Desde entonces, la mosca carga la fama de ser también portadora de buenas noticias, y tiene un monumento al lado de la paloma en el reino de las criaturas irracionales. 

(Jorge Lineya, Santiago de Cali, 1996)

CORAZÓN DE ACERO



En el pecho de Superman una verdad se  ha calado esta noche como un clavo de kriptonita doloroso,  hasta el fondo, cuarteándole el alma como si fuera un terrón de barro seco, mientras vuela sobre la ciudad sin más alas que su ondeante capa roja:  Luisa Lane le ha confesado  cuando atravesaban  el oscurecido cielo de Metrópolis( cargada en sus brazos y colgada de su cuello como la doncella  de un trillado cuento de hadas,  gozando feliz de   las atenciones de un príncipe de verdad azul y celestial), que a quien  ella ama verdaderamente con cada fibra de su fervoroso corazón es al torpe, tímido, anodino, y siempre balbuciente Clark Kent, su compañero de trabajo en el Daily Planet:

-— Es como una ardillita, sabes: tan pequeñita, tan confiada, tan vulnerable, tan trabajadora, tan tierna, tan...no sé qué. Tú y yo podemos ser amigos ¿si... quieres?

Esa confidencia lo aturde y lo decepciona. No entiende el héroe como esta sentimental mujer, pudiendo escoger en la  vitrina de la tienda  entre un superhombre como él y un mequetrefe hecho de deleznable  arcilla  (como todas esas birrias hijas de la   Tierra), haya elegido tan mal a la hora de las decisiones importantes: cuando Clark muera, volverá al polvo de donde lo sacaron  y en cambio a él, al hijo de Jor-El y del planeta Kriptón, le pasarán los siglos resbalándole y siguiendo de largo, sin  que se le oxide siquiera una  hebra de cabello.

No sabiendo que decir Superman  descarga  a su invitada con un gesto tenue, sobre la azotea del edificio donde esta  vive y espera con circunspecta galantería, a que la muchacha baje las escaleras hacia a su apartamento(o hacia donde sea que quiera irse ahora la imbécil,  inclusive  al  Infierno), para empezar a llorar sentado en la cornisa del edificio  tal y como sólo lo saben hacer, los verdaderos hombres de acero.

(Jorge Lineya, Santiago de Cali 2000).



ESTRELLA



La muchacha soñaba con ser la estrella más grande y admirada del universo. Algo que no se hubiera visto jamás en el rutilante firmamento del cine o la televisión del mundo, ni en ninguna otra parte: el fabricante de estrellas (de la “Star System Company”) la entendió tan bien cuando la oyó cantar y la vio actuar (después de  negarse tantas y repetidas veces a recibirla en su oficina), que sólo tuvo que chasquear sus poderosos dedos para convertirla en   una.

Ahora   la novata  titila  en el cielo todas las noches,  alineada entre las luminarias de una constelación, pero brillando  como si fuera un sol con sus flamantes  aires de diva, y  despertando el interés de cuantos escudriñan  el cielo en busca de eventos extraordinarios. Y hasta los telescopios ahora se interesan en ella.


(Jorge Lineya, Santiago de Cali ,marzo 27 2005) 

PERRO



Perro es fiel y obediente como un esclavo. La voz de Amo es su voluntad siempre, salvo cuando anda cachondo porque entonces sólo tiene oídos para sus ganas. Amo hoy se olvidó de eso y como lo vio rijoso, lo pateó como a un fardo, para que se bajara de la hembra que su niña paseaba por la plantación. Perro que no entiende de pudores se ha encabronado con la tunda de Amo y le ha saltado encima y le ha destrozado el cuello de una furiosa mordida. Amo ya no pateará más a Perro ni a nadie.

Cuando ve  venir a los hombres gritando y disparando truenos, Perro corre hacia donde ha visto huir a los negros que él caza con la jauría, y sin esperarlos, se pierde entre la maleza. Él sabe que por ese camino se huye de la muerte y de las carlancas.

También a Perro, la libertad le sabe a sangre de amo. 


(Jorge Lineya, Santiago de Cali, 1999)

martes, 3 de mayo de 2011

ESTATUA


— ¡Estatua!— le gritó la niña con quien jugaba, señalándolo imperativa, con la punta de su dedo mandón y todopoderoso: la muy mañosa lo  pilló acurrucado detrás de la palangana de cemento de la fuente del parque, donde  él intentaba escondérsele. Siguiendo las reglas del juego el muchacho se quedó quieto, tieso como una figura inerte, y sin poder mover ni siquiera un párpado.

Los días han pasado, y  él todavía sigue esperando a que ella aparezca para dejar de ser esa escultura de piedra  en la que se convirtió, y con la que otros niños (y algunos pájaros), se entretienen ahora en la plaza: “¡Descongelado!”, es todo lo que tiene venir a decir a esa ladina, para  volver a ser el mismo de antes.

Si logra salir de ésta, nunca más  volverá a jugar a la Estatua con gente que no conozca: eso es lo que piensa ahora, cuando siente que ha empezado a llover de nuevo a cántaros.

 (Jorge Lineya, Santiago de Cali marzo  2005)



LA ORDEN





A Silvia Angiola


— ¡Levantarse¡ —¡Que aquí no se vino a morir ,sino a luchar! —vociferó autoritario el capitán a  los soldados de su pelotón que habían caído muertos en la batalla, alcanzados por las balas enemigas. Antes de terminar de decirla la orden ya estaba cumplida, y el combate tomó un nuevo impulso, con ayuda de  los resucitados.

— ¡A esto es a lo que yo llamo milicia, carajo! —Se pavoneaba el comandante, viendo la   disciplina y  la obediencia de sus hombres.  


(Jorge Lineya, Santiago de Cali, 2003)

APASIONADOS




Desnudándose con reciproca urgencia en la prestada   intimidad de la habitación del motel, los amantes sintieron que el deseo del uno por el otro encendía dentro de sus cuerpos una misma flama de pasión incontrolable, y dejaron que ese fuego los consumiera a los dos, sin límites ni recatos. Juntos ardieron como paja seca dentro de una sola y voraz hoguera de lujuria sobre el piso, hasta casi incendiarlo (tratando  de no hacer un desastre    del cuarto alquilado), mientras la noche   afuera  empezaba morir sin remedio.

Temprano en la mañana, una manga de viento  que se coló por debajo de la puerta, levantó del suelo (entre las volutas de una nube densa y agitada), la parva de cenizas remanentes de la conflagración y las dispersó hechas polvo en el sosegado aire de la calle: sacándolas en un chiflón a través de la ventana abierta de la alcoba.


(Jorge Lineya, Santiago de Cali Diciembre 15/2000)

domingo, 6 de marzo de 2011

BABEL



Una vez  se erigieron, en cada  boca de  hombre, las murallas que separarían a la humanidad para siempre, en la Torre de Babel el sordomudo se convirtió en el traductor oficial. La  gente lo entendía y lo buscaba para comunicarse entre ella con  rapidez, y él interpretaba cada desesperado gesto con la misma claridad de una vieja palabra y así mismo lo transmitía: las familias, los amantes, los amigos, separados por la oscuridad de sus nuevas lenguas, bajo la silenciosa luz de la suya, se reencontraban. 

Nunca se había sentido tan útil, tan necesitado ni tan bendecido entre los suyos, por eso mientras los demás maldecían a los  cielos, él oraba agradeciéndole a Dios  el haberle dado ese precioso e irrepetible momento.


(Jorge Lineya, Santiago de Cali, diciembre 17 de 2000)

TELEVISIÓN




El día que se acabó el mundo  él  estaba viendo la televisión, por eso sólo se enteró de lo ocurrido, hasta un rato después, durante la emisión de los comerciales, cuando se levantó de su cómodo sillón a mirar por la ventana de su cuarto hacia afuera: sólo entonces descubrió en el paisaje el desastroso rastro del apocalipsis. Después de verlo, decidió volverse a sentar frente a su aparato y cambiar de canal usando, como siempre, su control remoto.

(Jorge Lineya, Santiago de Cali, marzo 26 2005).



LA FLECHA




Desde la colina la ve: en el jardín del palacio ella es la más hermosa de las flores en que puede estallar la primavera.

Con sus maestros Takeshi San había aprendido que para acertar con el arco, el secreto era hacer de su alma una misma cosa con la flecha y volar juntos  hacia el blanco, en perfecta armonía y unidad.  Cuando vio el venablo penetrar en el corazón de Aiko, su amante, la  traidora (quien desde su lecho había espiado para el clan enemigo), el samurái sintió que algo de él se iba con esa muerte, pero también que algo de él, al fin había llegado a su destino.


(Jorge Lineya, Santiago de Cali diciembre 19/2000).

GATO




Acostumbrado a ser un cazador solitario, Gato desconfía hasta de su sombra: para acabar con toda suspicacia, esta noche ha decidido  saltar sobre su silueta en el suelo, devorándosela, sin compasión, de una sola y furiosa mordida.

Ahora que no tiene quien lo siga ni le copie los pasos bajo la luz de la luna, Gato se siente tranquilo caminando sobre los tejados.


 (Jorge Lineya, Santiago de Cali, 2000)

AMANTES



Inspirado en un cuento de Triunfo Arciniegas

Desnudándose con reciproca urgencia en la prestada intimidad de la habitación, los amantes sintieron que el deseo del uno por el otro encendía dentro de sus cuerpos una misma flama de pasión incontrolable, y dejaron que ese fuego los consumiera a los dos, sin límites ni recatos: juntos ardieron como paja seca dentro de una sola y voraz hoguera de lujuria sobre el piso, hasta casi incendiarlo (tratando de no hacer un desastre   con  el cuarto alquilado).

Al amanecer,la mucama del motel entró a la alcoba sin tocar a la  puerta, barrió deprisa las cenizas polvorientas de los cuerpos y las zampó en el carrito donde transportaba la basura, junto con los restos de la ropa,los zapatos y  los demás accesorios personales.


(Jorge Lineya, Santiago de Cali diciembre 15/2000)

EL REBELDE


 


Frente al pelotón de ejecución, recibiendo   por enésima vez y sin inmutarse, otra descarga cerrada  de la fusilería militar, el  rebelde se atrevió a un  nuevo acto de insurgencia contra el gobierno que lo había condenado: se negó a morir.


A pesar de  lo extraordinaria, esa noticia nunca apareció publicada en la prensa.


(Jorge Lineya, Santiago de Cali)

GRAFFITI



A Silvia Angiola

Amparado por la perfecta y desolada oscuridad de la hora, el hombre le escribió a la mujer que amaba un mensaje romántico con pintura de  aerosol en una de las paredes de la catedral: “MI UNIVERSO ERES TÚ”, decía el grafiti.

Al amanecer todas las cosas  y todos los seres, eran y se llamaban, Laura.

Jorge Lineya